martes, 15 de octubre de 2013

Indolencia.

Es cierto, lo que hoy vi, era lo mejor a lo pude aspirar. Sólo el olor me aturdió. Es cierto también, que nada me conmueve con frecuencia, pero algo me pasó ahí. Los ojos se me llenaron de lágrimas y tuve que mirar a otro lado, respirar profundo y en silencio, o ponerme a decir cualquier cosa, para que no se me notara lo que estaba pensando. Tuve tanto que decir, tenía ganas de llorar con ustedes y explicar, a mi manera, lo que me estaba pasando, pero me pararon en seco y odié eso profundamente. Me cuesta tanto expresar mis emociones, de la misma manera en que me cuesta infinitamente llegar a sentir una de forma espontánea y ahí, me coartaron sin piedad. Estaba furiosa, los puse a prueba, te puse a prueba y no la pasaste, nunca las pasas. No quiero tu charla de terapeuta, no quiero tus "te vas a acostumbrar", porque no quiero esa mierda, no quiero volverme insensible frente a lo que ocurre, quiero temblar, ponerme nerviosa, que me duela la guata, tener ganas de llorar y rabia, no quiero estar vacía. Más de lo que estoy día a día.

domingo, 12 de junio de 2011

Resignación

Hace bastante que ya me resigné, como si asumiendo la realidad esta mejorara radicalmente, como si todas mis buenas intenciones fueran ciertas.
Y es que, si doy diez pasos para conseguir avanzar siete, debo reconocer que algo no anda bien del todo. Pero tengo una certeza completa, lo que tenía ya no lo quiero de nuevo, nunca más, porque en ese tiempo no me reconocía.

Espero de todo corazón que hayas aprendido a disolver el milo en la leche fria y que puedas hacer camas perfectas. Pero se acabó.